"
Dale al tonto mil inteligencias, y no querrá sino la
tuya" , dice un proverbio árabe. Comenzamos a
plantar en el jardín de nuestra vida y , al mirar a
nuestro lado, reparamos en que el vecino está espiándonos.
Es incapaz de hacer nada, pero le encanta hacer comentarios
sobre cómo sembramos nuestras acciones, plantamos nuestros
pensamientos, regamos nuestras conquistas.
Si prestáramos
atención a lo que dice, acabaríamos trabajando
para él, y el jardín de nuestra vida sería
idea del vecino. Terminaríamos por olvidar la tierra
cultivada con tanto sudor, fertilizada por tantas bendiciones.
Olvidaríamos que cada centímetro de tierra tiene
sus misterios, que sólo la mano paciente del jardinero
es capaz de descifrar. Dejaríamos de prestar atención
al Sol, a la lluvia y a las estaciones, para concentrarnos
en esa cabeza que nos espía por encima de la cerca.