El
día de Navidad, la familia entera se reunió
alrededor del árbol y comenzó a abrir los regalos.
La hija, contenta,
le entregó una caja al padre.
-Esto es para tí,
con todo mi amor.
El padre orgulloso
abríó la caja, pero estaba vacia. Con el mayor
cariño, le dijo a su hija:
- Amor mio, sé
que tienes la mejor de las intenciones, pero la vida te ha
de enseñar que no podemos dar algo que no existe, por
muy bien envuelto que esté y por mucho cariño
con que lo entreguemos. Creo que te olvidaste de poner algo
aquí dentro.
- ¿Pero
es que no lo ves?
- No veo nada,
hija mia.
- ¡Pues me
pasé una tarde entera llenándola de besos¡
Los ojos del padre
brillaron:
-¡Es verdad!
¡ Muchas gracias, hija mia , por un regalo tan bonito¡
Y durante el resto
de su vida, siempre que se sentía deprimido o descorazonado,
el padre abría la caja, sacaba un beso que su hija
había puesto allí, y volvía a tener el
valor suficiente para enfrentarse a sus retos.