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Warren
Buffett opina sobre los mercados de valores
.
El
más célebre de los inversores
dice que los valores de renta variable no
pueden, ni por asomo, cumplir con las expectativas
del público en general. En cuanto a
Internet, Buffett apunta a que muy poca gente
se hizo rica con otras dos industrias revolucionarias:
los coches y la aviación.
Warren
Buffett, Presidente de Berkshire Hathaway, casi
nunca habla en público sobre el nivel general
de los precios de las acciones -ni en su afamada
memoria anual, ni en las multitudinarias reuniones
de Berkshire, ni en los pocos discursos que pronuncia-.
Sin embargo, en cuatro ocasiones en los últimos
meses, Buffett se acercó al tema dando
sus opiniones sobre el futuro a largo plazo de
los mercados de valores de manera analítica
y creativa. Carol Loomis de FORTUNE asistió
a la última de estas charlas informales,
mantenida en Septiembre con un grupo de amigos
(entre los que se encontraba ella). Loomis también
tuvo ocasión de ver un video de la primera
de estas charlas, impartida en julio ante la reunión
de Allen & Co.’s Sun Valley, Idaho
(EE.UU.)
para destacados líderes empresariales.
De esas alocuciones improvisadas (la primera de
ellas coincidiendo con un índice Dow Jones
situado en 11.194), Loomis nos presenta un resumen
de lo dicho por Buffett. El lo revisó y
realizó alguna clarificación.
"Los
inversores en bolsa hoy en día esperan demasiado,
y voy a explicar por qué. Esto me lleva a hablar
del mercado de valores en general, algo que normalmente
no deseo hacer. Quiero dejar clara una cosa: aunque
hablaré de los niveles en los que se mueve
el mercado, no voy a predecir lo que haga en un futuro.
En Berkshire, nos concentramos casi exclusivamente
en la valoración de empresas individuales,
y efectuamos valoraciones sobre el mercado en general
de una manera muy limitada. Aún así,
valorar el mercado no tiene nada que ver con lo que
va a hacer la semana que viene, el mes que viene o
el año próximo. Esa es una forma de
pensar en la que no entramos. El hecho es que los
mercados se comportan de una manera, a veces durante
períodos muy largos, que no tiene relación
con su valor. Sin embargo, más tarde o más
temprano, el valor cuenta. Por tanto, lo que voy a
decir -asumiendo que tenga razón- tendrá
implicaciones en los resultados que, a largo plazo,
puedan obtener los inversores norteamericanos.
.
Empecemos
definiendo la palabra "invertir." La definición
es sencilla pero a menudo se olvida: invertir es poner
dinero ahora para obtener más dinero en el
futuro -más dinero en términos reales,
después de tener en cuenta la inflación-.
Ahora
bien, para tener un poco de perspectiva histórica,
echemos un vistazo a los últimos treinta y
cuatro años para ver qué pasó
en los mercados de valores. Lo que vamos a observar
tiene una simetría casi bíblica en el
sentido de las vacas gordas y las vacas flacas. Veamos,
por ejemplo, los primeros diecisiete años de
ese período, desde finales de 1964 hasta 1981.
Esto es lo que pasó:
.
Dow
Jones Industrial Average
31
de Diciembre de 1964: 874,12
31
de Diciembre de 1981: 875,00
(A
mí se me conoce como inversor a largo plazo
y tío paciente, pero no considero que haya
sido un gran incremento).
Y
ahora un dato importante y opuesto: durante los mismos
diecisiete años, el PIB de los EE.UU. -es decir,
el volumen de los negocios que se hacen en este país-
casi se quintuplicó, subiendo un 370%. O bien,
si miramos otro dato, las ventas de las empresas de
la Fortune 5001 (por supuesto que no eran siempre
las mismas compañías) casi se sextuplicó.
Con todo y con ello, el Dow no se movió nada.
Para
entender por qué pasó esto, necesitamos
examinar una de las dos variables importantes que
afectan a los resultados de las inversiones: los tipos
de interés. Los tipos de interés afectan
a las valoraciones financieras de la misma forma que
la gravedad actúa sobre la materia: cuanto
más alto el tipo, más fuerza se ejerce
hacia abajo. La razón es que la rentabilidad
que necesitan los inversores en cualquier tipo de
inversión, está siempre relacionada
con la rentabilidad que pueden obtener sin riesgo
con los instrumentos del Tesoro Público. Así
pues, si los tipos del gobierno suben, los precios
de todas las demás inversiones deben bajar
hasta un nivel en el que la rentabilidad esperada
esté en la línea de lo anterior. Al
contrario, si los tipos de interés del gobierno
bajan, esto hace que todas las demás inversiones
suban. La idea básica es ésta: lo que
un inversor debe pagar hoy para recibir un dólar
en el futuro, sólo se puede determinar si antes
se miran los tipos de interés sin riesgo.
Por
tanto, cada vez que el tipo de interés sin
riesgo se mueve un 0,01%, el valor de todas las inversiones
del país cambia. Esto se puede ver claramente
en el caso de los bonos del estado, cuyo valor normalmente
sólo se ve afectado por el tipo de interés.
En el caso de las acciones, los bienes inmuebles,
las granjas o lo que sea, existe otra serie de variables
muy importantes que casi siempre afectan y eso significa
que el efecto del cambio en el tipo de interés
se difumina. A pesar de ello, el efecto -como el de
la gravedad- sigue ahí constantemente.
.
En
el período comprendido entre 1964 y 1981 hubo
una subida tremenda en los tipos de los bonos del
estado a largo plazo, que subieron de un 4% a finales
de 1964 a más de un 15% en 1981. Esta subida
tuvo un enorme efecto negativo sobre el valor de las
inversiones, pero en el que más nos fijamos
naturalmente es en el de la renta variable. He aquí
-en la triplicación de los tipos de interés
que surten su efecto gravitatorio- la explicación
de por qué un crecimiento enorme de la economía
se acompañó de una bolsa que no se movía.
.
.
1
Recopilación anual que efectúa la revista
"Fortune" de las 500 empresas de mayor actividad
empresarial
A
principios de los 80, la situación se invirtió.
Recordaréis que Paul Volcker pasó a
ser Presidente de la Reserva Federal y también
recordaréis lo impopular que fue. Pero las
cosas heroicas que hizo, como darle un palo mortal
a la inflación, provocaron que la tendencia
en los tipos de interés diera la vuelta, con
unos resultados bastante impresionantes. Pongamos
que hubieras metido un millón de dólares
en Bonos del Estado a 30 años al 14%, emitidos
el día 16 de noviembre de 1981, y que hubieras
reinvertido los cupones. Es decir, que cada vez que
recibiste un pago de intereses, usaste el pago para
comprar más cantidad del mismo bono. A finales
de 1998, cuando los mismos Bonos a largo plazo se
ofrecían al 5%, habrías tenido $8.181.219
y habrías obtenido una rentabilidad anual superior
al 13%.
Esa
rentabilidad del 13% es mejor que la que han dado
las acciones en muchos períodos de diecisiete
años, de hecho, en la mayoría de ellos.
Fue un resultado bárbaro, y encima viniendo
de un simple Bono del Estado.
El
poder de los tipos de interés hizo subir las
acciones, aunque también influyeron otras cosas
de las que hablaremos más adelante. Por tanto,
fijándonos en el mismo período de diecisiete
años, esto es lo que ocurrió con las
acciones: si hubieras invertido un millón de
dólares en el Dow el día 16 de noviembre
de 1981 y hubieras reinvertido todos los dividendos,
el día 31 de diciembre de 1998 habrías
tenido
$19.720.112
y tu rentabilidad anual habría sido del 19%.
El
incremento en el valor de las acciones desde 1981
pulveriza cualquier otro registro que se haya dado
con anterioridad. Este incremento llega a superar
lo que habrías recibido si hubieras comprado
acciones en el punto más bajo de la Gran Depresión
de
1932
-en el día más bajo, el 8 de Julio de
1932, el Dow cerró a 41,22- y las hubieras
mantenido durante diecisiete años.
La
segunda cosa que influyó sobre los precios
de las acciones durante este período fueron
los beneficios empresariales después de impuestos.
El gráfico Beneficios Empresariales después
de impuestos sobre porcentaje de PIB muestra este
dato, lo cual nos dice qué parte del PIB acabó
en los bolsillos de los accionistas de empresas estadounidenses.
El
gráfico, como podrás observar, empieza
en 1929. Le tengo cariño al 1929 ya que fue
cuando todo empezó para mí. Mi padre
era vendedor de acciones por aquel entonces y después
del crack de la bolsa, en el otoño, le daba
miedo llamar a nadie, a toda la gente que había
perdido dinero. Así que se quedaba en casa
por las tardes y como no había televisión…Pues
eso, que yo fui concebido alrededor del día
30 de noviembre de 1929 (y nací nueve meses
después, el día 30 de agosto de 1930),
y siempre he tenido una sensación agradable
sobre el Crack.
Como
podéis ver, los beneficios empresariales sobre
porcentaje del PIB llegaron a su punto más
alto en 1929 y después se desplomaron. De hecho,
la parte izquierda del gráfico está
llena de aberraciones: no sólo la Depresión
sino también la bonanza de beneficios de la
guerra -atenuada por el impuesto sobre beneficios
excesivos- y luego otra bonanza después de
la guerra. Pero a partir de 1951, el porcentaje se
estabilizó entre el 4% y el 6,5%.
Sin
embargo, en 1981 la tendencia era hacia la parte baja
de ese rango y en 1982 los beneficios cayeron hasta
un 3,5%. En aquel momento los inversores se fijabanen
dos puntos muy negativos: los beneficios eran inferiores
a lo esperado y los intereses andaban por las nubes.
Típicamente,
los inversores proyectaron hacia el futuro lo que
estaban viendo. Ese es un vicio constante: mirar el
retrovisor en vez de mirar por el parabrisas. Lo que
estaban viendo, mirando hacia atrás, les hizo
perder confianza en el país. Estaban proyectando
tipos de interés altos y beneficios bajos,
por lo que estaban valorando el Dow como hacía
diecisiete años, a pesar de que el PIB casi
se había quintuplicado.
Entonces,
¿qué es lo que ha pasado durante los diecisiete
años siguientes a 1982? Lo que no sucedió
es que que el PIB creciera de manera semejante; en
este segundo período, el PIB no llegó
a triplicarse. Pero los intereses empezaron a bajar
y cuando el efecto Volcker se desgastó, los
beneficios empezaron a subir -no constantemente, pero
sí con fuerza real-. Podéis ver la tendencia
de los beneficios en el gráfico. En la ultima
parte de la década de los 90, los beneficios
empresariales después de impuestos ya andaban
cerca del 6%, lo cual queda en la parte alta del rango
de la "normalidad". A finales de 1998, también
los tipos de interés estatal a largo plazo
habían descendido hasta llegar a ese 5%.
Estos
cambios dramáticos en los dos pilares que más
le importan a los inversores vienen a justificar mucho,
pero no del todo, el motivo por el que los precios
de las acciones ascendieran a más de diez veces
su valor -durante este período, el Dow subió
desde 875 hasta 9.181-. Lo que también estaba
funcionando, naturalmente, era la psicología
de los mercados de valores. Cuando un mercado creciente
marcha y se ha llegado al punto en el que todo el
mundo ha ganado dinero al margen del sistema que haya
utilizado, siempre se acerca una muchedumbre que no
reacciona ante los tipos de interés ni los
beneficios empresariales. Simplemente les parece que
es un error no tener algún dinero metido en
bolsa. De hecho, esta gente añade un factor
de "tonto el último" a los factores
fundamentales que ya alimentan el mercado. Como el
perro de Pavlov, estos "inversores" aprenden
que cuando suena la campana -en este caso la que abre
la Bolsa de Nueva York a las nueve y media de la mañana-
se les alimenta. Mediante este refuerzo diario, acaban
convenciéndose de que Dios existe y de que
quiere que sean ricos.
Hoy
por hoy, mirando el camino que ya han andado, la mayoría
de los inversores tienen unas expectativas de color
de rosa. Una encuesta de la Paine Webber and Gallup
Organization efectuada en Julio arroja que los inversores
con menos experiencia -los que llevan invirtiendo
menos de cinco años- esperan recibir una rentabilidad
anual del 22,6% durante los próximos diez años.
Incluso aquellos que llevan invirtiendo durante más
de veinte años esperan un 12,9%.
Aquí
quiero discrepar diciendo que no podemos ni acercarnos
al 12,9% y defender mi postura examinando los factores
clave que determinan el valor. En la actualidad, si
un inversor quiere obtener pingües beneficios
en el mercado durante los próximos diez, diecisiete
o veinte años, una o más de las siguientes
tres cosas tienen que suceder. Hablaré un poco
más tarde de la última de ellas, pero
las dos primeras son:
(1) Los
tipos de interés tienen que bajar más.
Si los intereses del gobierno, ahora situados sobre
el 6%, bajaran hasta un 3%, eso ya de por sí
haría que casi se doblara el precio de las
acciones. Por cierto, si usted cree que eso es lo
que va a pasar con los intereses -eso o que vayan
a bajar hasta el 1% como le ha pasado a Japón-
debería dirigirse donde de verdad se puede
ganar un pastón, en las Opciones sobre Bonos.
(2) La
rentabilidad empresarial con relación al
PIB debe crecer. Alguien me contó una
vez que en Nueva York hay más abogados que
personas. Creo que es el mismo señor que
se cree que los beneficios serán mayores
que el PIB. Cuando empiezas a esperar que un componente
supere eternamente el valor de la suma total, te
encuentras con ciertas dificultades matemáticas.
En mi opinión, hay que ser salvajemente optimista
para creer que los beneficios empresariales como
porcentaje del PIB se puedan mantener a más
del 6% durante un período sostenido. Una
de las cosas que sujetará este porcentaje
será la competitividad que siempre presiona.
Aparte de esto, hay un tema político: si
los inversores corporativos en grupo van a comerse
un trozo mayor de la tarta de la economía
estadounidense, algún otro grupo tendrá
que comerse un trozo más pequeño.
Eso levantaría, justificadamente, alguna
ampolla política y, bajo mi punto de vista,
no se va a dar una notable redistribución
de la tarta.
Entonces,
¿adonde nos llevan algunas previsiones razonables?
Digamos que el PIB crece una media de un 5% anual
(un 3% de crecimiento real -que está pero que
bastante bien-, más un 2% de inflación).
Si el PIB crece un 5% y no tienes alguna otra ayuda
por parte de los tipos de interés, el valor
en conjunto de las acciones no va a subir mucho más.
Vale, se le puede añadir algo más de
rentabilidad con los dividendos. Pero con las acciones
vendiéndose al precio al que se están
vendiendo hoy en día, la importancia de los
dividendos en cuanto a la rentabilidad total ha bajado
muchísimo en relación con lo que era
antes. Los inversores tampoco pueden esperar dar el
pelotazo porque sus empresas se líen a subir
sus beneficios por acción, recomprando sus
acciones. La otra cara de la moneda es que las empresas
están casi igual de liadas ampliando capital,
tanto con OPVs como con las constantes opciones para
la compra de acciones.
Volviendo
a mi postulación del 5% de crecimiento del
PIB, os recuerdo que va a ser un factor que limita
la rentabilidad que vais a obtener: no puedes esperar
obtener un incremento del 12% anual -y menos aún
del 22%- en la valoración de la empresa estadounidense
si su rentabilidad sólo sube un 5%. El dato
inevitable es que el valor de un activo, da igual
de qué tipo, no puede crecer a largo plazo
más que sus beneficios.
A
lo mejor tú quieres defender otras perspectivas.
De acuerdo. Pero dime en qué las fundamentas.
Si crees que el inversor estadounidense va a ganar
un 12% anual en acciones, creo que también
debes decir, por ejemplo, "Pues creo que es porque
el PIB va a crecer un 10% anual, añado otro
2% de los dividendos, y además los tipos de
interés no van a cambiar" Por lo menos
tienes que recolocar las variables claves de alguna
otra manera. Aquí no funciona la magia.
Mas
allá de esto, acuérdate de que la rentabilidad
futura siempre está influida por la valoración
actual y entonces piensa en lo que estás recibiendo
por tu dinero hoy en día en los mercados de
valores. Aquí tienes dos datos de 1998 para
las empresas del Fortune 500. Las empresas incluidas
en esta recopilación representan aproximadamente
el 75% del valor de todas las empresas de propiedad
pública de los EE.UU. Cuando miras el Fortune
500, en realidad es como si vieras algo llamado Estados
Unidos de América, S.A.
.
·
Fortune 500
Beneficios
1998: $334.335.000.000
.
Valor
de mercado según cierre del 15 de Marzo de
1999:
$9.907.233.000.000
Mientras
nos fijamos en esas dos cifras, tenemos que tener
en cuenta que el dato relativo a beneficios tiene
sus rarezas. Los beneficios de 1998 incluyeron un
concepto bastante raro, un beneficio contable de $16
millones que publicó Ford por la transferencia
de activos de Associates y también incluyeron,
como hacen siempre en el Fortune 500, los beneficios
de algunas mutuas como State Farm que no tienen valor
de mercado. Aparte, uno de los mayores gastos corporativos
como es la compensación de los costes de las
opciones sobre la compra de acciones, no se descuenta
de los beneficios. Por otra parte, en algunos casos
la cifra de beneficios también había
sido reducida por cargo a pérdidas que seguramente
no reflejaron la realidad económica y se podrían
haber incluido perfectamente. Dejando a un lado estas
puntualizaciones, el día 15 de marzo de este
año, los inversores decían que pagarían
casi 10 billones de dólares por los 334.000
millones de beneficios.
Ten
claro -este es un dato crítico que a menudo
se obvia- que los inversores, en general, no pueden
obtener nada de sus empresas, salvo lo que éstas
ganen en su actividad. Vale, tu y yo nos podemos vender
acciones a precios más y más altos.
Pongamos que todas las empresas del Fortune 500 fueran
una sola y que todos los que estamos aquí tenemos
una parte de ella. En este ejemplo, podríamos
todos vendernos trozos de la empresa a precios cada
vez más altos. Tú personalmente puede
que seas más listo que el de al lado, y que
compres bajo y vendas alto, pero en realidad ningún
dinero saldría al hacer eso. Simplemente te
llevarías lo que ha puesto la otra persona
y el grupo no se habría visto afectado en nada
porque sigue dependiendo de los beneficios de la empresa.
Al final, lo máximo que en conjunto se pueden
llevar los dueños de una empresa -desde hoy
y hasta el día del juicio final- es lo que
esa empresa gane a lo largo del tiempo.
Aún
así, todavía hay un factor principal
que hay que considerar. Si tu y yo nos estuviéramos
cambiando trozos de nuestra empresa aquí en
esta sala, podríamos evitar los gastos transaccionales
porque no habría agentes que se llevaran una
comisión por cada cambio que hiciéramos.
Pero en el mundo real, los inversores tienen la costumbre
de jugar a las sillas musicales, o por lo menos pedir
consejo sobre si deben jugar y eso cuesta dinero.
Mucho dinero. Los gastos que aguantan los inversores
-yo lo les llamo gastos "de fricción"-
se les cobra por una gran variedad de conceptos. Hay
comisiones de suscripción, comisiones de gestión,
comisiones de depositario, y hasta los gastos por
la compra de publicaciones financieras. No descartes
estos gastos
como
si fueran irrelevantes. Si fueras a invertir en bienes
inmuebles, ¿no deducirías los gastos de mantenimiento
a la hora de calcular tu rentabilidad? Claro que sí
y, de la misma manera, los inversores en los mercados
de valores deben tener en cuenta los gastos "de
fricción" a la hora de calcular sus ganancias.
¿A
cuánto asciende todo eso? Mis cálculos
dicen que los inversores en acciones estadounidenses
pagan más de $100.000 millones anuales -digamos
que $130.000 millones- por jugar a las sillas musicales
o por ser aconsejados si deben hacerlo o no. A lo
mejor, unos $100.000 millones se relacionen con las
empresas del Fortune 500. En resumidas cuentas, que
los inversores se funden casi un tercio de lo que
para ellos ganan las empresas del Fortune 500 -aquellos
$334.000 millones de 1998- dándoselo a los
múltiples "ayudantes" que hacen que
juguemos y nos aconsejan. Una vez efectuado ese trasvase,
los inversores que son dueños de las empresas
del Fortune 500 reciben menos de $250.000 millones
sobre su inversión de $10 billones. Para mí,
eso es una cosecha pobre.
.
Quizás
en estos momentos me estés rebatiendo mentalmente
mis cálculos de que
$100.000
millones fluyen a esos "ayudantes"…
…a
lo largo de este año se cambiarán en
EE.UU. 350 mil millones de acciones, y yo estimo que
el coste por transacción y por acción
para cada lado -o sea, tanto para el comprador como
para el vendedor- será de una media de 6 centavos.
Eso suma
$42.000
millones.
Vayamos
a otros costes: recargos suculentos para los pequeños
que tienen cuentas de proceso, comisiones de gestión
para los grandes, y asomándose por el horizonte
de manera amenazadora, una gran variedad de gastos
para los gestores de fondos de inversión en
renta variable. Actualmente, estos fondos tienen unos
activos de aproximadamente $3,5 billones y hay que
concluir que el coste anual impuesto a sus inversores
es de, al menos un 1%: $35.000 millones.
En
estos destrozos que he descrito no he incluido las
comisiones por los diferenciales sobre opciones y
futuros, los costes que soportan los que tienen anualidades
variables, o la gran variedad de costes que se inventan
los "ayudantes". Resumiendo, $100.000 millones
en costes "de fricción" para los
dueños de las empresas de la Fortune 500 -lo
cual representa un 1% de su valor de mercado- me parece
no sólo una estimación indiscutible,
sino que posiblemente ande por lo bajo.
También
la imagen de estos costes es horrible. Una vez me
contaron sobre un chiste en el que un comentarista
de prensa dice: "Hoy no hubo ni compras ni ventas
en la Bolsa de Nueva York. Todo el mundo estaba contento
con lo que tenía". Si realmente ese fuera
el caso, los inversores tendrían $130.000 millones
más en sus bolsillos.
Dejadme
resumir lo que he estado diciendo sobre los mercados
de valores: creo que es muy difícil defender
sensatamente el argumento de que las acciones se comportarán
en los siguientes diecisiete años, como lo
han hecho en los pasados diecisiete años. En
absoluto. Si yo tuviera que elegir la rentabilidad
más probable (sumando revalorización
y dividendos) que los inversores en conjunto -repito,
en conjunto- iban a ganar en un mundo con tipos de
interés estables, inflación del 2% y
con los costes de fricción, sería del
6%. Si quitas el componente inflacionario de la suma
de lo
beneficios
(lo cual tendrías que hacer de todas formas
para compensar por la fluctuación en cualquier
dirección), es un 4% en términos reales.
Y si me falla el 4%, creo que el porcentaje tiene
tantas posibilidades de ser menos como las tiene de
ser más.
Permitidme
volver a lo que dije antes: hay tres cosas que podrían
hacer que los inversores realizaran ganancias significativas
en los mercados del futuro. La primera es que los
tipos de interés bajen y la segunda es que
los beneficios empresariales sobre porcentaje del
PIB suban sustancialmente. Ahora voy a la tercera
cosa: puede ser que seas un optimista que crea que
los demás inversores sólo tirarán
lentamente mientras que tú serás el
campeón. Esa actitud es muy seductora en estos
tiempos que vivimos en los que estamos viendo el comienzo
de una revolución en las comunicaciones (y
en la que confío con todo mi corazón).
Simplemente elige los ganadores obvios, tu agente
de bolsa te lo dirá, y déjate llevar.
Aquí
creo que sería interesante volver la mirada
hacia atrás y ver un par de industrias que
transformaron este país hace mucho tiempo pero
en este siglo: los automóviles y la aviación.
Veamos los automóviles primero. Tengo una
sola página, de setenta que hay en total, de
fabricantes de coches y camiones que han operado en
este país. En un momento dado hubo un Berkshire
car y un Omaha car. Naturalmente que me fijé
en esos pero también había una lista
enorme de los demás.
Sumándolos
todos, parece ser que ha habido al menos 2.000 marcas
de automóviles en una industria que tuvo un
impacto increíble sobre la vida de las personas.
Si al principio de la fabricación de coches
hubieras previsto cómo se iba a desarrollar
esa industria, habrías dicho: "Aquí
me forro yo." ¿Cuál es el punto al que
hemos llegado a finales de los 90? Después
de una incesante carnicería corporativa, hemos
llegado a tener tres fabricantes de automóviles
estadounidenses -y ninguno de ellos es una panacea
para el inversor-. Por lo tanto, he aquí una
industria que tuvo un impacto enorme en EE.UU. y también
un impacto enorme, aunque no el esperado, sobre los
inversores.
A
veces, por cierto, en este tipo de eventos revolucionarios
es mucho más fácil saber cuales serán
los perdedores. Puede que hubieras entendido la importancia
del automóvil cuando empezó todo pero
no supiste elegir qué empresas podrían
ganar dinero para ti. Pero había una decisión
obvia que podrías haber tomado en aquel momento
que es la de vender caballos al descubierto. Francamente,
me fastidia que la familia Buffett no se metiera en
ello durante ese período. Además no
teníamos ninguna excusa: viviendo en Nebraska,
nos habría sido muy fácil pedir caballos
prestados.
.
Población
equina en Estados Unidos
1900:
21 millones
1998:
5 millones
El
otro invento verdaderamente revolucionario, aparte
del coche, de los primeros veinticinco años
del siglo fue el avión, otra industria cuyo
futuro previsiblemente brillante habría puesto
los dientes largos a los inversores. Así que
investigué a los fabricantes de aeronaves y
vi que en el período entre 1919 y 1939, había
unas 30
empresas,
de las cuales hoy en día sólo sobrevive
un puñado. Entre los aviones que fabricábamos
en aquel entonces -debimos ser como el Silicon Valley
de la época- estaban el Nebraska y el Omaha,
dos aviones en los que hasta el más leal de
los nativos de Nebraska ya no confía.
Vayamos
a los fracasos entre las líneas aéreas.
Tengo una lista de las 129 líneas aéreas
que han quebrado en los últimos veinte años.
Continental tuvo el acierto de aparecer dos veces
en esa lista. En 1992 -aunque esta imagen habría
de mejorar en el futuro- todo el dinero que habían
ganado las líneas aéreas de este país
desde el comienzo de la aviación era cero.
Absolutamente cero.
En
vista de todo esto, pienso que si yo hubiera estado
en Kitty Hawk en 1903 cuando Orville Wright despegó,
habría tenido la visión de futuro y
el ánimo de hacer el bien - se lo debía
a los futuros capitalistas- y le habría derribado.
Vamos, que Carlos Marx no podría haber hecho
tanto daño a los capitalistas en general como
el que les hizo Orville.
No
dedicaré mucho más tiempo a los otros
brillantes negocios que cambiaron nuestras vidas de
forma dramática pero que también fracasaron
a la hora de recompensar a sus inversores: la fabricación
de radios y televisores, por ejemplo. Pero sí
he de extraer una lección de estos negocios:
la clave para invertir no está en calcular
lo que una industria va a impactar a la sociedad o
cuánto va a crecer, sino en determinar la ventaja
competitiva de cualquier empresa en particular y,
ante todo, cuánto va a durar esa ventaja. Los
productos o servicios que tienen un margen amplio
y sostenible a su alrededor son los que premian a
los inversores.
Todo
este hablar de períodos de diecisiete años
me hace pensar -admito que sin sentido- en langostas
de diecisiete años. ¿Qué es lo que se
podría encontrar una plaga de estas criaturas
que echara a volar en el 2016? Las veo entrar en un
mundo en el que el público tiene menos euforia
que ahora sobre los mercados de valores. Naturalmente,
los inversores se sentirán decepcionados, pero
sólo porque empezaron esperando demasiado.
Refunfuñando
o no, para entonces serán bastante más
ricos, simplemente porque la empresa estadounidense
de la que son dueños habrá seguido funcionando,
incrementando sus beneficios en términos reales
en un 3% anual. Y lo mejor es que las recompensas
de esta creación de riqueza se habrán
distribuido entre todos los estadounidenses en general,
los cuales disfrutarán de un nivel de vida
muy superior al de ahora. Eso no estaría pero
que nada mal, aunque no se pueda comparar con los
diecisiete años que acaban de pasar."
Jeff
Bezos sobre el comentario de Buffett
.
Patricia
Sellers
Warren
Buffett no cita a Internet en estas páginas.
Pero sí lo hace sobre otras industrias revolucionarias
que a lo largo del tiempo fracasaron en el intento
de recompensar a sus accionistas: los automóviles
y la aviación. Sólo un tonto ignoraría
la advertencia implícita: mucha gente perderá
dinero apostando por Internet. Al fundador y Presidente
de Amazon.com, Jeff Bezos, le intrigó tanto
la charla que dio Buffett que le pidió la lista
de los fabricantes de coches y aviones que fracasaron.
"Cuando
una industria nueva se convierte en un fenómeno
de masas, muchos inversores eligen mal sobre qué
empresas invertir," dijo Bezos. Refiriéndose
a la lista de 70 páginas que tenía Buffett
con los, en su mayoría desaparecidos fabricantes
de coches y aviones, añadió, "Me
di cuenta de que hace décadas, era de rigor
usar la palabra ‘Motors’ en el nombre, igual que todo
el mundo usa ‘punto com’ hoy en día. Pensé
que el paralelismo era interesante."
Especialmente
interesante para un multimillonario como Bezos, que
sabe bastante sobre la valoración de las acciones
por su anterior trayectoria como gestor de Fondos
de Protección. También es interesante
para el amante de la historia que hay en Bezos, ya
que le gusta hablar de la era Cámbrica de hace
550 millones de años cuando los organismos
multicelulares generaron una gran variedad de especies
y con ello una ola de extinciones. Con esta perspectiva
en mente, Bezos dice que las analogías de Buffett
sobre las empresas que han desaparecido "retumban
profundamente". Ahora Bezos predica la Biblia
según Buffett y urge a los empleados de Amazon
para que caminen temerosos todos los días.
"Todavía tenemos la oportunidad de convertirnos
en una nota a pie de página en la historia
del comercio electrónico,
.
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